Solía ser una de esas chicas temerosas de decir lo que piensan o sienten, solía pensar que todo cuanto deseaba y no iba acorde con aquello que los demás esperaban de mi no estaba bien. Solía dejar de hacer cosas porque a otros podría parecerles mal, por miedo a herir a los demás, cosas que realmente quería, cosas que pudieron hacerme feliz las dejé de lado por no ser egoísta, por complacer a quienes quizá no lo merecían, por poner a los demás mil veces antes que a mi misma ; solía ser un alma temerosa de mis sentimientos, de mis deseos, de mis sueños, de mis pasiones, de mis expectativas.
Era de esas personas que no toman riesgos, que viven en lo seguro, no salia de mi zona de confort, solía dar todo de mi a cambio de nada simplemente porque así lo quería y me importaba un bledo que no fuera sano para mi; solía analizar todo, cada detalle, cada paso, cada acción, cada palabra.
Solía estar viva, más no estaba viviendo, hasta un día que comprendí que el querer complacer a los demás es una tarea estúpida, sin recompensa sin sentido alguno, solía ser así hasta que me di cuenta que la vida es solo una, que solo se es joven una vez, que debía empezar a correr riesgos, tener aventuras, pensar en mi misma, olvidarme del que dirán.
Comencé a liberar mi alma de las ataduras llamadas "estereotipos de la sociedad" esas que te limitan, que no te dejan vivir, que te hacen sentir miedo de que el día que decidas dejarte llevar por lo que deseas, así como las hojas se dejan guiar por el viento, te señalaran por tus actos, te echaran a un lado y no voltearan mas hacia ti.
Comencé a vivir cuando me di cuenta que no soy perfecta y que no tengo que tratar de serlo, que solo debo ser yo misma, que es válido cometer errores más no quedarme ahí sino aprender de ellos, que no tengo porque agradar a todo el mundo, que siendo tal cual soy, con todas mis aciertos y desaciertos, mis cualidades y defectos, hay quienes me valoran y eso debe ser suficiente, pero si no lo es, al menos debo amarme yo tal cual soy y aceptarme de esta forma, aprendí que el que vive para los demás se convierte en un ser limitado y amargado que nunca estará conforme ya que todos no lo estarán con sus actos.
Comencé a vivir cuando analicé que tengo muchas aventuras por vivir, muchos errores que cometer, muchas pasiones por explotar, muchos amores por sentir, infinitos lugares a donde ir.
Comencé a vivir cuando me di cuenta que la vida pasaba cada día y yo era la que estaba estancada en el mismo lugar, con los mismos fantasmas, las mismas tristezas, los mismos desaciertos y que nada, absolutamente nada iba a variar, a no ser que comenzara a cambiar quien solía ser por quien quería llegar a ser.

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